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Relaciones Peligrosas: (im) posibilidades de una articulación entre la izquierda y el feminismo.

Relaciones Peligrosas: (im) posibilidades de una articulación entre la izquierda y el feminismo.

«¿Cuál es el objetivo de las feministas burguesas?. Conseguir las mismas ventajas, el mismo poder, los mismos derechos en la sociedad capitalista que poseen ahora sus maridos, padres y hermanos. ¿Cuál es el objetivo de las obreras socialistas?. Abolir todo tipo de privilegios que deriven del nacimiento o de la riqueza. A la mujer obrera le es indiferente si su patrón es hombre o mujer.”

(Alexandra Kollantai, 1913)

Las citas no son neutras ni sibilinas. En tanto recorte de un texto, una cita es un recorte de algo dicho, el rescate de una afirmación y también una forma de controlar el sentido, siempre esquivo, de entre las infinitas posibilidades que el discurso produce, y con ello la construcción interesada de la posición del sujeto que habla.

¿Por qué inicio este escrito sobre las “relaciones peligrosas” entre la izquierda y las feministas con algo tan trivial como la cuestión de la cita?. La respuesta es clara: porque uno de los intentos de desconocer la especificidad de una categoría histórica llamada mujeres, en la historiografía marxista, ha sido a través del uso y abuso de citas de mujeres teóricas marxistas, en la que supuestamente afirman que las luchas feministas deben ser incorporadas al movimiento obrero, pensado como un movimiento general, monolítico y libre de fisuras.

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Aleksandra Kolontái

Este recorte del discurso de Kollantai oculta que párrafos antes, la pensadora hace la siguiente afirmación:

«Así, como miembros del partido, las mujeres trabajadoras luchan por la causa común de la clase, mientras al mismo tiempo delinean y ponen en cuestión aquellas necesidades y sus demandas que les afectan más directamente como mujeres, amas de casa y madres. El partido apoya esas demandas y lucha por ellas… Estas necesidades de las mujeres trabajadoras son parte de la causa de los trabajadores como clase.» 

Como veremos las relaciones entre la izquierda y el feminismo no han sido fáciles, en tanto el sujeto político que construye el feminismo es un sujeto excéntrico, atravesado por cuestiones de género, clase, edad y raza, entre otras, y que desde sus orígenes, como sujeto de conocimiento -desde la filosofía griega hasta la filosofía crítica contemporánea- ha sido pensado, como un Otro, como el revés atrofiado del Uno/Mismo que se erige como representante del Sujeto: el Hombre Blanco.

Es claro que las mujeres han sido un desafío constante de la racionalidad dicotómica y binaria del pensamiento occidental masculinista heredero de la ilustración, del que no ha logrado escapar la exégesis hegemónica del pensamiento que inaugura Marx.

Ese mismo pensamiento, al cual muchas feministas también sucumben, ha pretendido acorralar al feminismo en posiciones derivadas de una elección a mi gusto estéril y que reproduce nada más que las polaridades dicotómicas que el feminismo intenta romper, entre los que destaco, de entre muchas otras, feminismo burgués // feminismo revolucionario o feminismo revolucionario // feminismo liberal. Dicotomías que no han hacen otra cosa que soterrar el potencial revolucionario de la multiplicidad, sedimentándola en una taxonomía, que desconoce que ningún feminismo como ninguna propuesta emancipatoria, puede dar cuenta de la totalidad de las experiencias de las mujeres y de los seres humanos, lo que confirma la idea de que las teorías y las utopías son situadas y en situación, y por lo tanto en constante deconstrucción.

LA KOLLANTAI Y EL DEBATE FEMINISMO LIBERAL Y FEMINISMO SOCIALISTA. USO Y ABUSOS DE LA HISTORIA.

Como en todo recorte, una cita deviene un texto que en su constitución va perdiendo su con-texto, de ahí que no me extraña que para muchos que leen la cita de la Kollantai expuesta en el epígrafe, movilice la certeza de que la querella de la Kollantai respecto al feminismo “burgués”, es una querella que sirve para reflejar la supuesta continuidad y actualidad de un debate que emerge en el siglo XIX, entre el sufragismo y el feminismo socialista y revolucionario.

Esta supuesta continuidad encierra un error historiográfico profundo, que no es sólo la creencia en la continuidad de la historia, sino que también el hecho de que cuando se hace referencia a la historia de las ideas producida para y desde las mujeres, la conciencia histórica de los materialistas históricos cede a la fuerza de un trascendental que se mantiene idéntico. Por el contrario, el materialismo histórico pensado desde una lectura feminista se despliega en medio de una filosofía de la historia, en que no sólo el objeto de conocimiento se piensa como el resultado de la lucha de fuerzas antagónicas de la sociedad, sino que desde una racionalidad crítica y radical, en el que las mismas categorías con las cuales se piensan dichos antagonismos, se problematizan a sí mismos.

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También se olvida a menudo, que la historia es un discurso sobre hechos -no son los hechos- , y esos hechos necesitan de documentos y por lo tanto de interpretaciones. Las interpretaciones no sólo no son unívocas y dependen de los intereses que están en juego en la redes del poder, sino que también ellas mismas son un resultado histórico, lo que transforma las interpretaciones históricas en un objeto de conocimiento de segundo orden.

La historia no juzga – no es un discurso normativo por el contrario es un discurso emancipador-, es una herramienta comprensiva y creativa y a sí misma, imperfecta e incompleta, pues como ya señalé la historia habla de hechos documentados y en el caso de la historia de las mujeres esos documentos son escasos, pues las mujeres no firman tratados, sentencias, informes médicos, declaraciones de guerra, presupuestos, etc, documentos considerados por excelencia, fuentes históricas.

Es así que la historia de las mujeres ha exigido romper con las fronteras disciplinarias y servirse de la arqueología, la demografía, la sociología, la antropología , la tradición oral, los documentos privados, etc y esa ruptura es la que marca desde su inicio una especificidad metodológica, que ha llevado a algunas historiadoras de habla inglesa a denominarla hers-tory, una ironía respecto a la his-tory, y que interpela a las múltiples posicionalidades del sujeto, en lo que se llama el archivo histórico.

Por lo tanto, hacer historia del debate entre el feminismo reformista y el feminismo socialista, involucra una distancia respecto a nuestras mismas concepciones de reformista y socialista, en el punto en que la Kollantai habla en medio de la revolución económica, tecnológica, y social en que la agitación del cambio de siglo se alimentó por la utopía y esperanzas de que los trabajos reproductivos serían socializados, y con ello, la familia exterminada.

Por el contrario, las que intentamos hacer historia de las mujeres hablamos en medio del fracaso no solo del proyecto socialista, sino que del fracaso al interior del proyecto mismo, de la derrota pero también desde la sospecha de un socialismo que no fue y no ha sido capaz de cuestionar la familia nuclear y heterosexual, que por el contrario que en su lucha por la hegemonía mundial, la posicionó como un espacio de signación de un proyecto imperialista y de guerra fría, y en que los trabajos reproductivos se mantuvieron como responsabilidad exclusiva de las mujeres. (1)

(1] Sobre el rol que jugó la familia heterosexual en la guerra fría véase los trabajos de Elaine Tyler May Homeward Bound (2008); Cuestiones explosivas: el sexo, las mujeres y la bomba (2012); Beatriz Colomina (2012) Domesticidad en Guerra, George Duby (comp) Historia de las mujeres. V.5 , entre otros.

ROMANTICISMOS SEXUAL Y LA SUPUESTA DICOTOMÍA ENTRE FEMINISMO BURGUÉS Y FEMINISMO PROLETARIO. 

Antes de iniciar este apartado quiero practicar un ejercicio de desmitificación. Se suele pensar que las teóricas marxistas como la Kollantai eran mujeres obreras, y que en eso hay una diferencia radical entre el sufragismo y el feminismo socialista. Por el contrario, tanto las líderes sufragistas (no así las masas de mujeres simpatizantes con este movimiento) como algunas de las líderes y teóricas socialistas, provenían de los sectores nobles y acomodados. La Kollantai, tanto por su genialidad, pero como también por su posición privilegiada, fue la única mujer que accedió al Buró de Lenin.

Emmeline Pankhurst

Emmeline Pankhurst arrestada, una de las lideres del movimiento sufragista universal.

El feminismo al que hace referencia Kollantai de modo particular en este escrito, es el sufragismo, un movimiento que en su totalidad no necesariamente se identificó con el feminismo. Esta afirmación paradójica intenta dar cuenta de las dificultades historiográficas actuales para reconstruir el lugar del sufragismo en el movimiento feminista. El sufragismo junto con demandar el voto universal, también fue protagonista de las luchas raciales en EE.UU. A la vez que estas mujeres de grandes sombreros y abultados vestidos que se dedicaban a quemar urnas y a encadenarse en los lugares de votación, fueron también protagonistas de las luchas contra la segregación racial, una lucha que fue baypaseada por los mismos obreros blancos preocupados de sus intereses de clase, a la vez que preocupados de mantener sus privilegios de raza.

A pesar de las diferencias que se han intentado construir entre sufragismo y socialismo, se olvida que ambas instalaron el debate en torno a la mujer sobre la base de la convicción de una naturaleza reproductiva y maternal, entendida como contribución única a la sociedad, y que en el texto de la Kollantai es explícito: “demandas que les afectan más directamente como mujeres, amas de casa y madres”.

sufragistas

Sufragistas inglesas destruyendo las urnas de votación.

Lo que realmente cuestionaban no era la distribución del trabajo entre mujeres y hombres, sino la división sexual entre trabajo no remunerado y trabajo remunerado, pues de acuerdo a estas pensadoras ambos debían pagarse de acuerdo con su valor. Si bien las más radicales desafiaban la estructura misma de la sociedad, y que la protección de la maternidad no sólo serviría a las mujeres, sino también a la sociedad en general, ambas fundamentaban sus demandas en términos de la ideología sexual dominante en el siglo XIX e inicios del siglo XX, el romanticismo sexual.

En ese sentido, el sufragismo y el feminismo socialista, tenían más rasgos en común que diferencias, pues ambas suponían que la emancipación de las mujeres pasaba por el aporte a la sociedad desde su rol de madre y encargada del hogar. Fue bien entrado el siglo XX con Simone de Beavoir, cuando la maternidad como destino y valor de la mujer, se cuestionó de modo radical. (2)

El romanticismo sexual funcionó como una ideología que cruzó a la sociedad. Con sus desvíos y reinterpretaciones, fue la retórica sexual de la industrialización. Fue el modelo por la cual se pensaron los sexos y sus modos de relación. Desde ahí que supo convocar tanto a mujeres, como a hombres, patrones como a obreros, a eclesiásticos y revolucionarios.

Como ideología, se expresó a través de normas sociales y morales, económicas y legales para todas las mujeres (desde las mujeres burguesas a las obreras) derivadas de la concepción industrial de una clara y necesaria separación entre las esferas productivas y reproductivas. Lo que proclamaba, era que el destino y la condición de las mujeres, producto de sus capacidades reproductivas, era el hogar, el cuidado de los hijos y del marido y que por lo tanto el voto, la educación, el trabajo remunerado, la política, es decir la vida pública, cargadas de elementos negativos -competencia, despersonalización- eran de reserva exclusiva de los varones. Las mujeres debían ser protegidas, y la calle ni las urnas, no eran los lugares más adecuados para señoras y señoritas de bien.

Para los obreros, el romanticismo sexual impregnó los debates acerca de las mejoras salariales y la lucha por el llamado salario familiar. Tanto para los sufragistas como para las feministas socialistas así como para los sindicalistas, el trabajo de las mujeres, era el resultado del pauperismo de las condiciones salariales de los varones, de los jefes de familia, del obrero, en tanto el salario no alcanzaba a cubrir las necesidades del grupo familiar. Que las mujeres trabajaran era un elemento más que expresaba las duras condiciones que imponía el capitalismo, de la barbarie del capitalismo.

(2) No quiero aludir acá  la posición ambigua y compleja de Ema Goldman.

REPRESENTACIÓN: HABLAR POR………. 

¿Cómo leer como feminista?, se pregunta Diane Fuss.

Cómo leer a la Kollantai como feminista del siglo XXI, en el momento en que el problema que nos plantea la Kollantai 100 años después de su muerte, no es tanto el problema de la identidad y unidad del movimiento obrero, sino que la legitimidad del partido de erigirse como representante de las mujeres. Kollantai afirma “El partido apoya esas demandas y lucha por ellas”.

Este problema, al que podríamos llamar el clásico problema de la Representación – en su doble vertiente, hablar por y sustituir – si bien es actual, como lo demuestran los múltiples esfuerzos teóricos al interior del feminismo que han hecho de este problema un objeto de reflexión (3), no es nuevo y apela a otras identidades que también han sido excluida en el proceso de unificación de las luchas sociales, tras una perspectiva que podríamos llamar obrerista.

Mismo problema que planteó en el año 1956, el intelectual martiniqueño, Aimé Cèsaire, en el momento que renunció al partido comunista francés, luego de la invasión soviética a Hungría.

El crítico cultural chileno Grinor Rojo , en el ensayo A cincuenta años de la renuncia de Aimè Cèsaire al Partido Comunista francés, ofrece varias referentes contextuales para analizar el gesto de Cèsaire, en un momento de la historia en que era un deber casi moral de todo intelectual de izquierda, afirmar su alineación con el frente soviético.

De estos referentes, me interesa destacar aquel desplazamiento que realiza Cèsaire al introducir al “hombre de color” y “las luchas de liberación Nacional” en el marco de la descolonización de África durante la segunda posguerra mundial, y que en sus mismas palabras nos dice que

“La lucha de los pueblos colonizados contra el colonialismo, la lucha de los pueblos de color contra el racismo es mucha más compleja, es a mi juicio , de una naturaleza muy distinta a la lucha del obrero francés contra el capitalismo francés y de ningún modo podrí ser considerada como una parte, como un fragmento de esta lucha”.

Traigo este ejemplo pues como ya señalé el problema que nos plantea la Kollantai en la actualidad es similar al que planteó Césaire durante la guerra fría. Ahora bien, el análisis de Grinor Rojo tiene una fuerte limitación, pues introduce sólo una cuestión de raza, el énfasis en el enunciado “hombre de color”, está claramente puesta en “color”, olvidando o baypaseando que hay una cuestión de género fundamental : que el hombre- color-colonizado no sólo es un sujeto histórico diverso que emerge desde otras condiciones del capitalismo, sino que esa diferencia es producto del hecho de que todo proceso de colonización es un proceso de feminización, en el sentido que se trata de un proceso de des-humanización  y subordinación.

El problema del “hombre de color”, tal como vimos en el ensayo sobre Black Power, es su posición de hombre castrado o sub-humano, similar a la posición de las mujeres, de ahí que el problema para Grinor Rojo -miope frente a las cuestiones del género- es “Occidente”, para mí es un problema que tiene que ver con que si introducimos al género, se advierte otra cosa: un régimen sexo-colonial-occidental, que erige como Sujeto representante del resto de los proyectos políticos, no tanto a occidente, sino que al Hombre Blanco, y en el que ambas identidades –hombre y blanco-mantienen una posición simétrica respecto a la otra y están mutuamente relacionadas.

Con esto llegamos a la conclusión de que cuando el Hombre Blanco dice que el proyecto feminista debe ser subsumido en los intereses y las aspiraciones de una totalidad mayor, o que las luchas de los obreros son intercambiables con las luchas de las mujeres, o que la liberación de los obreros trae consigo necesariamente la liberación de las mujeres, el lugar de enunciación de ese hablar, difiere del lugar de las enunciadas, en el sentido derridiano de la diferencia como différance, con lo que caben las peguntas de ¿cuál es el horizonte común de las luchas contra la explotación y la dominación? , ¿quiénes son los sujetos autorizados para establecer las estrategias de ese horizonte común?, ¿basta con señalar que las reivindicaciones feministas son un elemento constituyente de la apuesta revolucionaria para lograr ese horizonte comunal?

(3) Por ejemplo véase un  clásico ensayo de la filósofa india Gayatry Spivack “Pueden hablar los subalternos” de 1990.

¿UN HORIZONTE COMÚN?: EL PROBLEMA DE LAS MUJERES EN LA REVOLUCIÓN DE OCTUBRE. 

Quizás el ejemplo de la revolución de Octubre nos sirva para pensar en estas preguntas que a mi modo de ver son tan propias de nuestro presente pero no por ella inéditas. Como ya advertí, la Kollantai fue la única mujer que participó del buró político de Lenin, pero también es necesario destacar, -y he ahí las dificultades de generar categorías claras y distintas en las reconstrucciones históricas del poder- de que los primeros años de la revolución significaron para las mujeres rusas la constitución de un movimiento histórico e inédito en la historia de las mujeres occidentales, dirigido a construir las condiciones sociales y económicas para socializar los trabajos reproductivos. En ese sentido, las mujeres fueron protagonistas de una serie de transformaciones vinculadas al género, la sexualidad y el trabajo doméstico.

Con Stalin todos estos avances fueron destruidos. La ley de aborto, como la ley de divorcio proclamadas por Lenin fueron derogadas, así como las casas de cuidados infantil, lavanderías y comedores fueron desmantelados, y la homosexualidad fue prescrita.

CARTEL3

Afiches de propaganda de la URSS.

La Unión Soviética con la muerte de Lenin, asistió al renacimiento de una cultura del maternaje que evocaba a las rurales imágenes de la mastrioska y que desenterró el culto de la familia heterosexual. Así también las paradojas de la Guerra Fría, que son de interés para la historia de las mujeres, a la par que enfrentó el socialismo con el american way of life, supuso instituir la familia heterosexual como bandera de lucha en ambos bandos de la contienda… Pero eso es parte de otra historia que una buena parte de la historiografía feminista actual, está intentando develar.

Para terminar quiero ofrecer otra cita, una extraída del libro La mujer, el estado y la revolución. Política familiar y vida social soviética, 1917-1936 de la historiadora norteamericana Wendy Goldman:

«…la tragedia de la reversión en el campo de la ideología no fue sencillamente el haber destruido la posibilidad de un nuevo orden social revolucionario, aunque millones habían sufrido y muerto precisamente por este motivo. La tragedia fue que el partido siguió presentándose como el heredero genuino de la visión socialista original. (…). Y la tragedia más grande de todas es que las generaciones subsiguientes de mujeres soviéticas, desheredadas de los pensadores, las ideas y los experimentos generados por su propia Revolución, aprendieron a llamar a esto ‘socialismo’ y a llamar a esto ‘liberación’.

 

Ensayo: Claudia Calquín (Feminista) para Harina Tostá.

REFERENCIAS.

  • Wendy Goldman (2013) La mujer, el estado y la revolución. Política familiar y vida social soviética, 1917-1936. Barcelona: ISKRA
  • Grinor Rojo (2012) Los gajos del oficio. Ensayo, entrevistas y memoria. Santiago de Chile: LOM
  • Karin Rosemblatt (1995) Masculinidad y trabajo: el salario familiar y el estado de compromiso, 1930-1950. Revista Proposiciones, Nº 26, pp70-86, Santiago de Chile.
  • Gayatri Spivak (2009) Pueden hablar los subalternos. Barcelona: MACBA. Una versión online editada por la Universidad Nacional de la Plata del año 1998, traducida como Puede hablar el sujeto subalterno, se encuentra en http://www.memoria.fahce.unlp.edu.ar/art_revistas/pr.2732/pr.2732.pdf

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