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Black Power: Feminismo Negro

Black Power: Feminismo Negro

En 1971, es capturada por el FBI , Angela Davis, catedrática de filosofía, feminista y militante del partido de los Panteras Negras, acusada de colaborar en el asalto, liderado por un joven de 17 años, Jonathan Jackson, a la corte del condado de Marin –California- . Jonathan había irrumpido en la corte federal acompañado de otros dos jóvenes armados con ametralladoras y tras tomar como rehenes al juez y a otras personas, demandó que George Jackson, John Cluchette y Fleeta Drumgo fueran liberados. El conflicto acabó con un tiroteo con la policía en el que acabaron muertos dos de los tres asaltantes entre ellos Jonathan, así como el juez. Angela fue acusada de haber proporcionada las armas, y desde ese momento fue declarada como una de las criminales más buscadas por el FBI.

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“Angela:
…como individuo te estoy agradecido. Como hombre negro, espero que –ya que tu inclinación es enseñar- les darás una importante consideración al hecho de redimir a esta nueva generación de varones negros, haciéndolos conocer a la mujer negra de hoy. No estoy muy seguro de mi generación. Pero hay algunos, y con estos pocos haremos algo. Claro que también tenemos muchos rufianes y malvados, y negros capitalistas (que quieren un pedazo del pastel podrido). Y no hay maneras de saber, porque algunas veces la gente cambia rápidamente. Lo he visto suceder con ciertos hermanos, de la noche a la mañana. Pero entonces tienen que aprender una nueva y completa serie de respuestas, y educar ciertos reflejos… Así los gatos como yo tienen que servir de ejemplo. Yo tengo un ideal de cara al mañana, pero vivo cada hora justo en el presente, y miro justo sobre mi amor para prever el problema que se avecina…
George.”

George Jackson, 1971. Soledad Brother, Cartas de Prisión. Barcelona: Barral. 


En la década de los 70´s, EEUU es el escenario de la controversia instalada por las feministas negras quienes interrogarán al feminismo hegemónico de corte occidental y blanco, acerca de las tensiones y relaciones de poder y dominación dentro del colectivo femenino. Este razonamiento es uno de los primeros intentos en desencializar la categoría mujer, visibilizar la “otra” historia de las mujeres, aquella cuya opresión no sólo se organiza en el espacio doméstico, y cuestionar la llamada sororidad, la ”solidaridad feminista”, que ocultaba la miopía racial y de clase en la definición universal de mujer .

Las feministas negras introdujeron nuevos desafíos teóricos y políticos. Sus denuncias rompieron la visión indiferenciada de la identidad y subordinación de las mujeres, al demostrar que en el mundo moderno diversos mecanismos políticos e ideológicos moldean las experiencias e identidades de las mujeres de modo simultáneo, aunque desigual, no sólo por el hecho de ser mujeres, sino por su condición de clase y raza.

El feminismo negro no agota su reflexión en incorporar la raza como una variable más, sino analizar la mutua constitución del género, el sexo y la raza en la historia de la modernidad, que se sustenta material y semióticamente en relaciones de colonialidad entre Europa y el resto del mundo. Dicho de otra forma se trata de sexualizar la raza y racializar el sexo, preguntar(se) cuáles son los mecanismos de producción de la “mujer negra”, “mujer indígena” o “mestiza” o actualmente la mujer “musulmana”, como representaciones corporales doblemente subalternas y colonizadas.

Estas propuestas, intentan visibilizar la historia e identidad de las mujeres negras desde la memoria y los ecos de siglos de esclavitud y diáspora. Especialmente los trabajos de Audré Lorde y Angela Davis, constituyen imágenes femeninas altamente racializadas, que emergen en la diáspora africana y con mayor fuerza, en la construcción de la nación estadounidense sustentada por las prácticas y la economía esclavista.

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De acuerdo a Avtar Brah (2004) el feminismo negro se nutre y articula con una serie de movimientos sociales como el proyecto “Unidad Afro-Asiática” o “Black Panter”, el panafricanismo, los movimientos anticoloniales, los movimientos feministas globales, gay y lésbicos. Esta multilocalidad desde donde emerge la pregunta por la raza marcó “la formación de nuevas subjetividades e identidades diaspóricas; produjo un nuevo sujeto político poderoso” (p.118) posicionado, en una metaforización de “lo negro”, que intenta extraer cualquier rasgo esencialista o que evoque alguna forma de neutralidad.

En la medida en que “mujer negra” incluye a mujeres que han migrado de África, Asia y el Caribe así como las nacidas en Inglaterra y Estados Unidos “lo negro en el “feminismo negro” implica una multiplicidad de experiencias, a la par que articula una posición de un sujeto feminista particular. Más aún, al poner en primer plano una amplia gama de experiencias diaspóricas tanto en su especificidad local como global, el feminismo negro representa la vida negra en toda su amplitud, creatividad y complejidad.

FICCIONES CORPORALES.

El feminismo negro al elaborar una sujeta político desde la articulación entre raza y sexo (articulación entendida como construcción histórica, resultado de procesos diásporicos así como efecto de prácticas coloniales e imperialistas), desestabiliza no sólo al sujeto unitario del feminismo, sino que también las narrativas masculinistas de lo “negro” y de las mujeres. Para la misma Avtar Brah “aunque se constituye en torno a la problemática de “la raza”, el feminismo negro desafía performativamente los confines de su propia constitución” (p. 119).

En ese sentido, la raza y específicamente “lo negro” como categoría política, no se conforma en lo abstracto, fuera del tiempo y no puede determinarse de antemano y de manera definitiva, al modo de un signo corporal que habla por sí sólo. En tanto constructo social, la “idea” de raza y racismo son fenómenos modernos, estrechamente relacionados a la expansión capitalista y que en la actualidad es desplazado por categorías culturalistas (identidad, tradición, cultura, etc) que instalan otras lógicas de inclusión y exclusión y que hacen hablar de un “racismo sin raza” o un neo-racismo que no consigue eliminar sus bases naturalistas.

El núcleo duro de esta nueva doctrina de la exclusión, el neo racismo, “estaría formado por la existencia de diferencias culturales esenciales, cuya preservación conduce, al rechazo de cualquier tipo de “mestizaje cultural” (García Bello, 2007). El cambio de registro consiste, por lo tanto, que en vez de excluir al otro mediante la atribución de rasgos biológicos inferiores, se exalta la diferencia absoluta e irreductible de las culturas, es decir, su inconmensurabilidad, lo que afecta directamente a los seres humanos concretos, que son los portadores de cada una de esas culturas enquistadas. Desde ahí que “lo negro” no se conforma con problematizar las múltiples experiencias de las mujeres negras, indias o mestizas sino más bien, interrogar y establecer recorridos genealógicos en torno a las categorías identidad, raza, cultura, civilización, etc antes que dar por sentado su significación universal.

La raza en el pensamiento feministas también implica considerar las relaciones de explotación entre hombres blancos y negros que tiene sus raíces en el sistema de esclavitud y que se articuló en signos y códigos de género: las relaciones de dependencia entre el hombre negro y el hombre blanco no serán otra cosa que remedos de las relaciones de dependencia entre la mujer y su esposo. Windus (2003) habla de la “feminización” del hombre negro en las relaciones de colonialidad, no sólo porque se le arrebató las principales coordenadas de la masculinidad, como son el control sobre las mujeres y la autonomía, sino por su representación de humano incompleto. El hombre negro “es localizado entre un supuesto ser natural que se caracteriza por ser conducido por su instinto (un atributo frecuentemente usado para describir la “naturaleza femenina”) y un hombre de razón, representante de la ilustración y el progreso nacional (que corresponde con los conceptos de naturaleza masculina)” (p.210).

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No es menor que gran parte de los estudios sobre la raza se identifican particularmente en el siglo XIX, en el contexto político y económico de la colonización Europea en África y bajo la égida del colonialismo como doctrina del desarrollo: el proyecto civilizatorio que acompañó la barbarie colonial o la estrategia necro-política instaladas por los imperios, se sustentó en una doctrina evolucionista que por diversos mecanismos discursivos intentaba justificar el reparto, saqueo y dominación del continente Africano; y en la actualidad, a través del mainstream de la cooperación internacional y el intervencionismo, el fracaso de la descolonización.

Las preguntas que Peset (1983, en García & Bello,2007) formula: ¿cuándo empieza la ciencia occidental a condenar al negro?, ¿cuándo decide su inferioridad biológica y antropológica?, expresa que el debate científico, estaba al servicio de unos intereses muy concretos, de manera que el racismo resultaba útil también como justificación de las jerarquías de clases y de castas; como explicación de los privilegios, tanto nacionales, como de clase, era espléndido. Ayudaba a mantener la esclavitud y la servidumbre, allanaba el camino para el despojo de África “y endurecía los nervios de los capitanes de industria cuando bajaban los salarios, alargaban la jornada de trabajo y empleaban a más mujeres y más niños” (Harris en García & Bello, 2007).

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Para Tomas Laqueur (1994) la idea de “raza científica” que emerge el siglo XVIII, es imposible de pensar fuera de su articulación con el “sexo científico”. La posibilidad de demostrar la creación separada de varias razas y con ello, sus diferencias en un sistema clasificatorio con un sentido jerárquico, se desarrolló al mismo tiempo, y como respuesta a los mismos tipos de presiones que el sexo científico. “Las afirmaciones del tipo de que los negros tenían nervios más fuertes y toscos que los europeos porque tenían cerebros más pequeños, y que eso explicaban la inferioridad de su cultura, son paralelas a las que mantienen que el útero predispone naturalmente a las mujeres a la vida casera” (p.268).

Estos discursos científicos se sostuvieron sobre dos dispositivos de saber/poder específicos, uno basado en las ideas evolucionistas de Darwin y otro, en el desarrollo de la estadística, que a través de mediciones rigurosas permitieron la construcción de las primeras tesis racistas sustentadas “científicamente” a finales del siglo XIX, con un complejo marco estadístico fidedigno que reforzaba las diferencias racionales y las interpretación “natural” de la subordinación de unas razas frente a otras.

Los principales craneómetras de la escuela antropológica, considerados así mismo apóstoles de la objetividad por el empleo de múltiples técnicas cuantitativas, produjeron “evidencias” que reforzaron los clásicos prejuicios de los hombres blancos pudientes. Así se explicaba que los negros, las mujeres y las clases pobre ocuparan puestos subordinados debido a los dictados de la naturaleza.

PERFORMATIVIDADES.

El carácter artificial de la raza, en los contextos actuales de importantes avances tecnológicos de intervención del cuerpo y desarrollo de un mercado de prótesis corporales, se revela de forma dramática haciendo tambalear el mismo proceso de codificación/decodificación de la cual es efecto: el blanqueamiento de la piel y la posibilidad de modificación de casi la totalidad de las marcas raciales “innatas”, son un ejemplo de la fragilidad de la naturaleza y que en la actualidad ejes de poder tan obtusos hasta el siglo XX como la raza, son modificables, permeables y parodiables.

Esto implica reconceptualizar la relación entre naturaleza, cultura y subjetividad cuyo resultado es el develamiento de los mecanismos por los cuales las teorías biológicas (supuestamente neutras) son un dispositivo ideológico de producción de la dominación. En estas condiciones el cuerpo tampoco es un enunciado universal.

El feminismo negro nos enseña que las categorías identitarias del sexo, la raza y la clase constituyen a la vez ontologías precarias y posicionamientos políticos (a lo que Haraway llama el “reclamo de las identidades”) que tienen valor heurístico y político en la medida que son desencializadas y comprendidas en sus mutuas y fluctuantes determinaciones. En ese sentido son al mismo tiempo categorías vacías y rebosantes. “Vacías porque carecen de un significado último, trascendente. Rebosantes, porque aun cuando parecen estables, contienen en su seno definiciones alternativas, negadas o eliminadas”. (Scott, p.22).

A si mismo las propuestas de lo que Sheila Sandoval (2004) llama el feminismo del tercer mundo estadounidense, no sólo desestabilizan las categorías, sino que también las subordinaciones: no basta con analizar la subordinación de las mujeres en relación a los varones desde los sistemas domésticos, de las familias o del parentesco y afirmar que la experiencia de la dominación es universal y unívoca; a diferencia de ello el feminismo negro devela la dominación desde una economía sexo-política , pasando por la forma en que las mujeres negras son concebidas en organización esclavista colonial estadounidense a la organización capitalista contemporánea.

También estos análisis desafían las propuestas emancipatorias o avances del feminismo europeo y blanco; un caso ejemplar es la crítica de bell hook, para quien la supuesta liberación de las mujeres a través del trabajo remunerado (utopía formulada por Betty Friedan autora del clásico feminista La mística de la Feminidad) es sólo concebible a partir de las experiencias de las mujeres blancas de la burguesía y la clase media, que no conocieron las consecuencias de la explotación del trabajo asalariado ni esclavo.

Para finalizar , es claro que el feminismo negro constituye un aporte fundamental para pensar en nuestras sociedades multiculturales, en donde las luchas raciales, la migración, los impactos de la globalización y la división internacional del trabajo plantean nuevas preguntas al feminismo- que lo vuelven así mismo en una propuesta crítica compleja,- especialmente a los feminismos del Sur del mundo.

Claudia Calquin / Feminista.

REFERENCIAS.

  • Avtar, Brah, Diferencia, diversidad, diferenciación; bell hooks, Dar forma a la teoría feminista; Chela Sandoval, Feminismo cyborg y metodología de los oprimidos en Eskalera Karakola (2004) (edit) Otras Inapropiable.
  • Feminismo desde las fronteras. Madrid: Traficante de Sueños. (versión online).
  • García, Allesa & Bello, Eduardo (2007) La idea de raza y su historia: textos fundamentales. Barcelona: Editum.
  • Haraway, Donna (1991) Manifiesto para cyborgs: la ciencia, tecnología y feminismo socialista a finales del siglo XX. En Ciencia, cyborgs y mujeres. Valencia: Cátedra
  • Laqueur, T.(1994) La construcción del sexo. Cuerpo y género desde los griegos hasta Freud. Madrid: Cátedra
  • Scott, Joan (1996) El género: Una categoría útil para el análisis histórico. En: Lamas Marta Compiladora. El género: la construcción cultural de la diferencia sexual. PUEG, México. 265-302p.
  • Windus, Astrid (2003) De parias y patriotas. Afroporteños, identidad y nación en la segunda mitad del siglo XIX. Rev Memoria y Sociedad Nº15 (pp207-217).

 

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