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Reflexiones en torno al activismo y la contracultura (I)

Reflexiones en torno al activismo y la contracultura (I)

El presente post forma la parte inicial de un conjunto de reflexiones en torno al activismo social y la contracultura. En ésta primera publicación plantearemos algunos conceptos para luego seguir, en los post siguientes, con tipologías y metodologías de trabajo.

Marco Conceptual.

¿Estructura v/s Acción Social (Praxis)?.

Esa ha sido la dicotomía conceptual fundamental en lo vinculado a teoría social y cultural.

La estructura es el “sistema dominante”, su estabilidad, y considera los mecanismos desde los cuales se impone ese “espíritu dominante”: estructura económica, política, cultural y educacional.

Determina actitudes, conceptos, creencias y valores.

La praxis se vincula con el que hacer, con la acción. Con la conexión entre conceptos «abstractos», no solo dominantes también “alternativos”, y su aplicación en la práctica. Es por ello que tiene una relación directa con la acción social.

Si sólo se muestra el peso de las estructuras se hace desaparecer bajo ellas la praxis humana. Se diluye el concepto de «acción».»

Ahora bien, dentro de ese amplio margen que puede considerar la “acción social”, entendida como la acción ejercida en forma individual o colectiva orientada a tener un “impacto social”, que busca influir en el ámbito social, nos interesa en particular la acción social generada desde la disidencia política y cultural. Ahí es donde entra el concepto de “contracultura”.

Contracultura.

Frente a un modelo “instalado” (estructura) existen un conjunto de manifestaciones artísticas, políticas, culturales y filosóficas, contrarias o diferentes a esa “oficialidad imperante”. Contrarias a esa matriz hegemónica de lo que se llama “cultura oficial”, con un sistema de creencias, valores y haceres. Eso se llama contracultura.

Es así que la contracultura considera:

“una forma específica de ver la realidad, establece límites a lo hegemónico, formula interrogantes, introduce enigmas en el imaginario social”. (1))

Junto con ello, la contracultura:

“… carece de estructura formal y de liderazgo formal. En cierto sentido no tiene dirección; en otro, está llena de liderazgo, todos sus participantes innovan constantemente, se abren caminos por nuevos territorios a los que otros podrán eventualmente seguirles”. (2)

A diferencia de una visión 100% política, la contracultura no busca la institucionalización:

“El objetivo de la contracultura es el poder de las ideas, de las imágenes y de la expresión artística, no la adquisición de poder político personal”. (2).

“La contracultura no busca un nuevo sistema, es sólo lucides frente a los sistemas dominantes a través de la historia. Por eso será siempre es alternativo y si se quiere, también a veces sumergido”. (1)

2014: Política y Contracultura en Chile.

En el siglo XX los partidos políticos formales fueron las instancias que canalizaban proyectos nacionales y/o de cambio social. Actualmente, como señala el sociólogo Manuel Antonio Garretón:

“Hoy día se puede pensar lo que pasa en la política sin la recurrencia a los partidos”. (3)

Los partidos no solo funcionaron como “canalizadores” de demandas o visiones de vida, sino también como instancias de asociatividad que permitían generar un sentido de pertenencia, (léase militancia).

En la actualidad, una evidente minoría es la que sigue confiando en los partidos políticos como una instancia valida que expresa sus intereses. (5.2% de confianza, Encuesta UDP Primer Semestre 2013, y 6.0% en encuesta Estudio Nacional de Opinión Pública – CEP, agosto 2014).

En ese marco, surge la pregunta de quienes están llenando el espacio de asociatividad y pertenencia dejado por los partidos políticos. Respuestas hay varias, desde las corrientes más postmodernistas, enfatizando el carácter individual y “subjetivo” del quehacer político y cultural, hasta las corrientes más clásicas que niegan la misma pregunta: los partidos siguen siendo una instancia valida.

Desde la “vereda del frente”, nos interesa destacar la asociatividad desarrollada desde “fuera de la institucionalidad”, entendiendo que el hacer política no sólo se enmarca en el rayado de cancha que establece la “democracia formal”.

Entendemos que frente a determinados valores y creencias dominantes, existe la contracultura y los activismos sociales asociados. Ese es el nexo que nos interesa profundizar.

En ese contexto, y desde el 2011 en adelante, se viene generando en Chile un fuerte movimiento contracultural y político “disidente” que se ha organizado a través de colectivos autónomos frente a la institucionalidad política y cultural.

(Siguientes reflexiones de esta serie de posts: Tipologías de Colectivismo, Metodologías de Trabajo, Tecnologías, ¿Es necesaria la convergencia?).

Textos:

(1) “Filosofía y Contracultura”, Quaderns de filosofia i ciencia, Universidad de Valencia, 2009, José Luis Herrera Zavaleta.

(2) “La Contracultura a través de los tiempo”, Editorial Anagrama, 2005, Ken Goffman.

(3) Revista “Diálogos con las Ciencias Sociales”, 2014, Facultad Ciencias Sociales Universidad de Chile.

Andrés Pinto para Harina Tostá.

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