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“Los Justos”: Arte, Amor, Ética y Revolución.

“Los Justos”: Arte, Amor, Ética y Revolución.

A propósito de “Los Justos”: “El buen camino es el que conduce a la vida, al sol. No se puede tener siempre frío”.

Varias interrogantes son las que nos plantea la obra de teatro “Los Justos”, de Albert Camus, en una versión de Teatro Sur, dirigida por Ernesto Orellana.

Rusia, 1905. En una fría noche, una célula de revolucionarios/as prepara los últimos detalles de un atentado político en contra del representante de la tiranía zarista, el duque Sergio.

El grupo lo conforman:

Boria Annenkov:  líder pragmático e intelectual de la célula.
Dora:  mujer militante, hermana de Annenkov.
Stepan Federov:  recién en libertad luego de tres años encarcelado. Es el revolucionario duro y racional.
Yanek Kaliayev:  joven romántico y poeta. Enamorado de Dora.
Alexis Voinov:  joven revolucionario militante.

El objetivo es asesinar, mediante una bomba, al duque Sergio, mientras éste acude en su carruaje al Teatro de la ciudad.

Kaliayev, responsable de tirar una bomba, no concreta su acción ya que el duque va acompañado por dos niños, sus sobrinos.

En ese momento, se inicia una discusión al interior del grupo revolucionario, donde cada persona expone visiones filosóficas, políticas y existenciales, distintas con respecto a si el fin justifica los medios, el amor y el sacrificio personal.

Los “justos” se encuentran así, prisioneros de una mentalidad que busca justicia. Negarse a ser feliz, a amar, para dedicar esa energía a una causa política. En donde la única forma de escapar a esa infelicidad existencial, es la muerte. Y no cualquier muerte: la muerte en el martirio.

No se puede desconocer el carácter existencialista de un autor como Camus, por ello se puede inferir que la obra tiene varias lecturas:

Arte – Revolución.

Kaliayev es cuestionado, por el militante más duro (Stepan), por su visión poética de la revolución, por amarla, por su “egoísmo existencial” al plantear el suicidio luego de cometido el atentado, y por su postura humanista:

STEPAN: ¿Quiénes son nuestros camaradas?
ANNENKOV: Conociste a Voinov en Suiza. Confío en él, a pesar de su juventud. No
conoces a Yanek.
STEPAN: ¿Yanek?
ANNENKOV: Kaliayev. Le llamarnos también el Poeta.
STEPAN: No es un nombre para un terrorista.
ANNENKOV (riendo): Yanek piensa lo contrario. Dice que la poesía es revolucionaria.
STEPAN: Sólo la bomba es revolucionaria. (Silencio.)

———-

STEPAN (hablando desde el fondo): Para suicidarse hay que quererse mucho. Un
verdadero revolucionario no puede quererse a sí mismo.
KALIAYEV (dominándose): No me conoces, hermano. Amo la vida. No me aburro. Entré en la revolución porque me gusta la vida.
STEPAN: Yo no amo la vida, sino la justicia, que está por encima de la vida.

Bajo ese cuestionamiento se encuentra el prejuicio de la militancia dura frente al arte y una sensibilidad distinta, que no sea la materialista (en términos marxistas).

Es así que implícitamente “Los Justos” plantea una tensión entre arte y revolución.

Ética – Revolución.

Tensión central en la obra, en donde explícitamente la pregunta que se plantea es: ¿el fin justifica los medios?. Desde una postura “humanista”, es precisamente Dora (sumándose a la postura de Kaliayev, el “poeta”), la única mujer del grupo, que señala que incluso en la “destrucción” existe un limite.

DORA: Abre los ojos y comprende que la organización perdería su poder y su influencia si tolerara, por un solo momento, que nuestras bombas aniquilaran niños.
STEPAN: No tengo bastante corazón para esas tonterías. El día en que nos decidamos a olvidar a los niños, seremos los amos del mundo y la revolución triunfará.
DORA: Ese día la humanidad entera odiará a la revolución.
STEPAN: Qué importa, si la amamos lo bastante para imponerla a la humanidad entera y para salvarla de sí misma y de su esclavitud.
DORA: ¿Y si la humanidad entera rechaza la revolución? ¿Y si el pueblo entero, por el que luchas, se niega a que maten a sus hijos? ¿Habrá que castigarlo también?
STEPAN: Si es necesario, sí, hasta que comprenda. Yo también amo al pueblo.
DORA: El amor al pueblo no tiene ese rostro.
STEPAN: ¿Quién lo dice?
DORA: Yo, Dora.
STEPAN: Eres una mujer y tienes una idea desdichada del amor.
DORA (con violencia): Pero tengo una idea justa de lo que es la vergüenza.

Amor – Revolución.

Como tercera tensión aparece el concepto de amor y su posible oposición frente a la gran demanda vivencial que implica el compromiso político revolucionario. En éste caso, es la relación entre Dora y Kaliayev la que marca la pauta:

DORA: ¿Más lejos que el odio? No hay nada.
KALIAYEV: Está el amor.
DORA: ¿El amor? No, no es eso lo que hace falta.
KALIAYEV: Oh, Dora, cómo puedes decir eso, a mí, que conozco tu corazón…
DORA: Hay demasiada sangre, demasiada violencia. Los que aman de verdad a la justicia no tienen derecho al amor. Están erguidos como lo estoy yo, con la cabeza alta, con los ojos fijos. ¿Qué pinta el amor en esos corazones orgullosos? El amor curva dulcemente las cabezas, Yanek. Nosotros tenemos la nuca rígida.
KALIAYEV: Pero nosotros amamos a nuestro pueblo.
DORA: Lo amamos, es cierto. Lo queremos con un vasto amor sin apoyo, con un amor desdichado. Vivimos lejos de él, encerrados en nuestras habitaciones, perdidos en nuestros pensamientos. Y el pueblo ¿nos quiere? ¿Sabe que le queremos? El pueblo calla. ¡Qué silencio, qué silencio…!
KALIAYEV: Pero eso es el amor; darlo todo, sacrificarlo todo sin esperanza de
reciprocidad.
DORA: Tal vez. El amor absoluto, la alegría pura y solitaria es lo que me quema, sí. En ciertos momentos, sin embargo, me pregunto si el amor no es otra cosa, si puede dejar de ser un monólogo, y si no hay respuesta a veces. Me lo imagino, ¿sabes?: el sol brilla, las cabezas se curvan dulcemente, el corazón abandona su orgullo, los brazos se abren. ¡Ay!, Yanek, si una pudiera olvidar, aunque sólo fuera por una hora, la miseria atroz de este mundo y dejarse llevar. Una sola hora de egoísmo, ¿te lo imaginas?
KALIAYEV: Sí, DORA, eso se llama ternura.
DORA: Lo adivinas todo, querido, eso se llama ternura. Pero ¿la conoces de verdad?. ¿Amas a la justicia con ternura? (KALIAYEV calla.) ¿Amas a nuestro pueblo con ese abandono y esa dulzura o, por el contrario, con la llama de la venganza y de la rebeldía?
(KALIAYEV sigue callado.) Ya lo ves. (Se le acerca; en tono muy débil.) Y a mí, ¿me
amas con ternura?

Para concluir, solo destacar que en la medida que una obra creativa plantea preguntas, y no sólo respuestas, es una obra a destacar, por su potencia y coherencia argumentativa.

Así, es muy destacable la propuesta Teatro Sur, tanto en el sentido de rescatar éste trabajo de Albert Camus, como en lo referido a la producción, dirección y actuación.

Mezclando algunos pequeños elementos multimedia al principio, integrando “símbolos modernos” (lentes de sol, mochilas, estética urbanita), minimalismo “objetual” al aprovechar una gran mesa como un real telón de fondo que cambia el contexto de acuerdo a la iluminación, logra mostrar lo que es el teatro y lo que se espera del teatro.

“Los Justos” se encuentra en Cartelera en el Teatro SIDARTE.
Del 1º al 24 de agosto, Viernes, Sábado 20:30 hrs. y  Domingo 20:00hrs
Dirección: Ernesto Orellana.
Elenco: Claudia Cabezas, Nicolás Pavés, Tamara Ferreira, Guilherme Sepúlveda, Claudio Riveros, Trinidad González.
http://www.sidarte.cl/events/los-justos/

Andrés Pinto para Harina Tostá.

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