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Manifestaciones locales, análisis global

Manifestaciones locales, análisis global

El motivo inicial fue salvar un parque público (Turquía). El motivo inicial fue asegurar el acceso al transporte público (Brasil). El motivo inicial fue luchar por la educación pública (Chile). El motivo inicial fue pedir democracia (primavera árabe). El motivo inicial fue pedir un sistema político digno (México). El motivo inicial fue rescatar un Estado de Bienestar (España, Portugal). El motivo inicial fue luchar contra los recortes y rescatar un canal público de televisión (Grecia).

Desde el año 2008, año en que comenzó la “crisis económica” (primero en los Estados Unidos y luego traspasada a Europa), nos hemos acostumbrado a ver un conjunto de manifestaciones sociales y ciudadanas que han tenido como principal norte cuestionar el sistema económico y político.

El 2011, desde España supimos del movimiento de los “Indignados” y del 15M (fecha en que se inició la acampada ciudadana en la Puerta del Sol de Madrid). Conjunto de manifestaciones sociales en contra del bipartidismo, a favor de un nuevo sistema de representación política, y en rechazo a los incipientes recortes propiciados por el Banco Central Europeo, el Fondo Monetario Internacional (FMI) y la Comisión Europea.

Ese mismo año, 2011, desde el cono sur de Latinoamérica los estudiantes chilenos generan manifestaciones masivas en pos de la educación pública. Recordemos que Chile es un páis donde está instalado un modelo neoliberal extremo (sistema privado de pensiones, educación universitaria pagada, seguros privados de salud).

Desde el 2010 supimos de la primavera árabe. Conjunto de levantamientos populares que se desarrollaron principalmente en el Magreb (norte de África), inspirados por lo que se llamó la revolución “tunecina”. Dichas manifestaciones se orientaron a exigir una mayor democracia y la principal expresión fue el derrocamiento de Zine El Abidine Ben Ali y la dimisión de Mubarak, presidente de Egipto. En esos casos, la raíz del problema no parece estar tanto en los efectos de la crisis económica sino en cómo se constituyeron los Estados árabes, bajo democracias “nominales” (Egipto), dictaduras nacionales (Tunez), marcos normativos muy impregnados por valores religiosos (Arabia Saudí, Yemen, Omán) y una fuerte desigualdad social.

Ahora, en el 2013 nos sorprende lo que sucede en Turquía y Brasil. Manifestaciones masivas, en pos de asegurar derechos ciudadanos como pueden ser los espacios públicos y el costo del transporte público. Temáticas que a su vez, han servido de base para pasar a un cuestionamiento más global del sistema político y la ausencia de canales de participación social.

En resumen, desde el 2008 hemos encontrado una serie de expresiones de activismo social que nos llevan a plantear que existe un malestar ”internacional” con el modelo de globalización, (que tiene una traducción a nivel local en términos de políticas públicas), en donde priman los derechos de empresas transnacionales, grupos políticos de poder y marcos legales (económicos y de representación política) orientados a favorecer a dichos grupos.

Algo pasa a nivel mundial. Hay un malestar ciudadano y activo como nunca antes en la historia de la humanidad. Existe un cuestionamiento a lo que tradicionalmente el sistema económico y político ha entregado como respuesta.

La respuesta común que han tomado los Gobiernos frente al conjunto de “malestares” ciudadanos ha sido una fuerte represión. Se repiten diariamente, semanalmente, por las redes imágenes de una condenable represión. Gente golpeada, gritos, detenciones, humo de bombas lacrimógenas……….

 

¿Hay algo en común entre estas manifestaciones?, siendo que inicialmente se podrían abordar desde un análisis local.

¿Se pueden explicar a partir de realidades locales y no globales?.

 

Repasemos los elementos en común:

En primer lugar, resulta innegable el papel jugado por internet. Tanto en lo referido a la coordinación de las manifestaciones como cuando hay que mostrar la fuerte represión que se ha visto en los distintos países. Si no fuera por las redes sociales el movimiento ciudadano global pasaría sin mayor interés frente al uso de la información que realizan los medios masivos de comunicación. Eso mismo ha permitido que el espíritu movilizador se propague no solo al interior de cada país, sino también en un ámbito global.

Además del tema tecnológico, nos encontramos con sociedades preparadas educacionalmente. Si en los siglos anteriores gran parte de la población no tenía una real conciencia de sus derechos cívicos y ciudadanos, en éste inicio del siglo XXI la gente tiene completa claridad y conciencia de sus derechos y expectativas sociales. Ya sea por defender un parque público o luchar por la educación la gente dice: Basta¡¡¡.

Un tercer elemento en común es que son manifestaciones que partiendo de un tema o hecho acotado (transporte público, educación pública, baja de salarios o pensiones) pasan a un nivel discursivamente superior cuestionando el modelo político en su conjunto y la forma de tomar decisiones por parte de los Gobiernos.

La cuarta característica en común es su masividad y transversalidad. Distintos actores (organizados y no organizados) y sectores / clases sociales comparten el espacio de las manifestaciones.

Desde una perspectiva más “estructuralista” no parece sociológicamente errado plantear que vivimos un cambio de época. Las estructuras sociales, como institucionalidad social, tienen un nacimiento, un auge y una caída. Así se ha movido la historia. Así del feudalismo se pasó al absolutismo. Así vino la sociedad industrial, seguida del capitalismo……….. Así llegamos al neoliberalismo no sólo económico, sino también político.

Algo pasa. ¿Que depara la historia para el futuro?………… No lo sabemos. Lo que está claro es que desde el siglo XXI pasaremos a hablar de una “ciudadanía global” con todo lo que ello implica. Algo está sembrado.

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