NOVEDADES
Neoliberalismo: miedos y espacios públicos

Neoliberalismo: miedos y espacios públicos

El 2015 será recordado como el año en que la sociedad chilena abrió los “ojos” con respecto al financiamiento irregular de campañas políticas, la corrupción instalada en diversas instituciones, la colusión de las grandes empresas, (en un libre mercado que parece ser no tan “libre” ni tan mercado).

Los intentos de cambio, ya sea en temas como nueva constitución, (recordemos que la actual constitución de chile fue elaborada por una dictadura militar), la educación, aborto, sistema de pensiones, se han visto “desechados”, ya sea por falta de convicción y renuncia de la clase política o por una institucionalidad coptada y diseñada para que los sectores conservadores no pierdan el poder.

Chile es uno de los países donde se instaló el neoliberalismo más extremo a nivel mundial. Se instaló no por procedimientos “democráticos”, sino por la fuerza y a través de la represión más brutal en contra de la población. Se instaló, no lo olvidemos, por una dictadura militar fascista.

Si bien han pasado 26 años desde el inicio de la “transición democrática”, Chile continua inmerso en el mismo modelo cultural, político y económico, sin que haya proyecciones de cambiarlo, principalmente por dos motivos:

La alianza que existe entre la clase política y los grandes grupos económicos por mantener el “status quo”. Situación que queda muy bien reflejada al saber quiénes son los que financian las campañas políticas de las dos principales coaliciones. Nadie pensará que esos aportes “voluntarios” por parte de las grandes empresas son por la “buena onda” o para construir un “mejor país”.

El segundo motivo, y quizás más importante que el anterior, es la ausencia, más allá del movimiento estudiantil, de un movimiento social fuerte, cohesionado, que logre aglutinar a los diversos actores que buscan el cambio constitucional y superar este neoliberalismo extremo. Existe una dispersión social y una atomización en las luchas.

Ello en parte se debe a que la “democracia” neoliberal chilena ha promovido una desarticulación y desmovilización del tejido social, erigiendo las elecciones formales como el único mecanismo “ciudadano” para “hacer política”.

Por otro lado, el espacio público, el barrio, la población, la calle, lugares donde surge la resistencia en contra de la dictadura, fueron fuertemente reprimidos, instalando una cultura del miedo “a salir a la calle, a juntarse”, (“por eso es la doctrina del shock, porque si pescas un ratón y le aplicas corriente, ese ratón nunca más se acercará”), y luego “adormecidos” por la “democracia”. Se configuró un nuevo espacio público a partir de la instalación de malls y cadenas de grandes superficies y eventos deportivos y culturales masivos pero pagados.

Bajo este diagnóstico es que expresiones como las marchas, los carnavales urbanos y comunales y las ferias autogestionadas que se montan los fines de semana en cada barrio, son la forma de “by pasear” el “desencuentro” y volver a ocupar el espacio público. Son formas que ayudan a romper con el “miedo” y permiten fortalecer el tejido social y territorial

Cuando las aspiraciones de cambio se ven limitadas por el mismo sistema de representación política, no queda más que volver a recomponer el tejido social y volver a ocupar los barrios y territorios, con vistas a incentivar la articulación, el encuentro cara a cara, y el fortalecimiento de las organizaciones sociales y ciudadanas.

Harina Tostá

(Foto del post: Futbol Rebelde)

Deja un Comentario

Tu dirección de email no será publicada. Required fields are marked *

*