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Lastres AbisaLes: “La explotación de los recursos naturales es algo que nos importa tanto como la violencia que afecta a lesbianas”

Lastres AbisaLes: “La explotación de los recursos naturales es algo que nos importa tanto como la violencia que afecta a lesbianas”

Llegamos a Lastres AbisaLes a través del Blog “ideas Sin Género” .  Este blog lesbofeminista destaca por su perspectiva de crítica social y cultural, y un abordaje transversal de temáticas asociadas a la diversidad sexual y al feminismo.  En este espacio hay textos que ponen en juego una crítica lesbofeminista al “sujeto hegemónico de la diversidad sexual”, lo que se vincula a un proceso de construcción de diferencias que construyó los lugares de subordinación en los que son inscritos algunos grupos humanos. Así también abordan materias más “transversales” a la sociedad, como es el modelo de educación o la necesidad de una asamblea constituyente. Por ejemplo, llamando directamente a participar en marchas o paros, a la vez que incorporan sus propias consignas.

Ideas sin Genero, no era un espacio auto-referente. Decimos no era, pues desde hace un tiempo sus contenidos no han sido renovados, pues quien se mantuvo como su escritora y editora –Toli Hernández– hace parte en la actualidad de la colectiva Lastres Abisales. Dicha colectiva materializa mucho de los pensamientos que están plasmados en el Blog, ampliando sus alcances en la voz y actuancia de Flor Alveal y Juanita Mathiews.

Entrevistamos a Toli para conocer un poco más de los énfasis que tiene una postura lesbofeminista al interior del movimiento feminista y homosexual y de este nuevo proyecto político lesbofeminista: Lastres AbisaLes.

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Harina Tostá (HT): Actualmente en Chile, ¿qué corrientes feministas se podrían identificar? (acá entendemos que hay un amplio espectro desde feminismo tradicional, pasando por el libertario, hasta lo vinculado a lesbianismo y opciones sexuales).

“Antes que todo indico que realizaré una descripción libre y acotada con las limitantes diversas que esto tiene. Comienzo por decir que ha existido un eje estructurante que tiene que ver con la autonomía o la institucionalidad feminista. Este forja diferencias relacionadas con la mayor o menor cercanía que el feminismo posee con la máquina estatal y supraestatal. El institucional utilizará las herramientas que le entrega el modelo para lograr sus objetivos; el autónomo no.

De allí que exista una conexión directa –en el primero- con la lucha por derechos, principal marcador de las ciudadanías liberales y de la movilización de una práctica que intenta -en el segundo- ir a la raíz de los problemas con una lógica autogestiva en el más amplio sentido. La institucionalidad feminista intenta transformar la realidad desigual con un abordaje que se ocupa más bien de las consecuencias que de las causas que las originan lo que va tomado de la mano con la universalización de la sujeta política del feminismo.

En este sentido este feminismo –para mí- pese a que percibe las diferencias entre mujeres no logra desasirse de la marca opresiva que significa ser blanca, por lo que su opresión aún y en gran medida solo resiste a machos blancos y héteros. Esto debilita la expresión de la multiplicidad, pues por ejemplo, se omite que la sujeta lesbiana es oprimida por masculinidades gays y no solo por el macho heterosexual o que las mujeres indígenas son oprimidas por el hombre indígena y no solo por el macho blanco.

Un ejemplo histórico ayuda a comprender mejor: la lucha por acceder al trabajo de las mujeres blancas –que era su opresión particular- omitió la opresión de las mujeres negras que, por el contrario, ¡desde niñas! fueron esclavizadas por el trabajo. El feminismo blanco omitió la experiencia de las mujeres negras transformando sus demandas laborales en la de TODAS las mujeres.

La negociación con el Estado que realiza el feminismo institucional en su afán de ejercer control social universaliza a su sujeta política, pues utiliza claves que le permiten ser entendido por el poder.  En esta operación se ocultan voces que no utilizan dichas claves, pues prefieren, entre otras, pensar y operar sobre las formas en que ese poder se instituyó.

Deseo enfatizar que no existe en mi descripción un ánimo de exacerbar antagonismos -con la deslegitimación que esto implica- entre ambas prácticas feministas, pues -para que no se entienda lo contrario- el feminismo institucional ha operado sobre materialidades de las violencias que afectan a la mujer que no pueden esperar. Así han solucionado de modo más concreto o más masivamente que el feminismo autónomo –por su relación con el Estado- estas necesidades. Lo que relevo –puntualizo- es la disputa de sentidos que realizan estos feminismos.

Mientras el feminismo autónomo disputa sentidos al sistema mundo hegemónico poniendo en juego una organización de la realidad distinta a la que el poder hegemónico pone a disposición; el institucional –como ya dije- por lo general reorganiza la realidad sin tocar las claves que funcionan como causas de la opresión. Estas, al no ser consideradas posibilitan –en medio de la amabilización del modelo- su reactualización permanente, pues con distintas formas y en distintos momentos vuelven a emerger como conflictos.

Estas posiciones feministas hablan de pluralismos que transitan por la tenue línea de lo que Audre Lorde llamó las herramientas del amo. “Las herramientas del amo nunca desmontan la casa del amo” –dice esta feminista- lo que me permite destacar la diferencia entre operar desde y con las lógicas del amo a una práctica que intenta –no con pocas dificultades- desarticularla para transformar la realidad a partir del cuestionamiento de los estatus vigentes.

En esta autonomía habitan distintos enfoques feministas. Yo destaco a nivel latinoamericano el feminismo comunitario y el feminismo antirracista –llamaré también- decolonial. Los destaco, pues si bien existen feminismos libertarios, anarkos, ecofeministas, de la diferencia radical, presentes en Chile y en LAC, estos feminismos –al menos para mí- han levantado un pensamiento más ligado a la historia de opresión de las mujeres latinoamericanas y caribeñas debilitando las naturalizaciones de un feminismo anclado en la cultura y el conocimiento europeo como casi único referente. No es que desestime los aportes de dicho feminismo, pero destaco los aportes de aquellos que menciono, pues informan sobre un pensamiento que colonizó todos nuestros sistemas de significación y representación.

De allí que sus aportes transiten por la comprensión del proceso de construcción de diferencias que existió en etapa colonial, de la subordinación que se construye a partir de múltiples variables, del entrecruzamiento que alimenta y fusiona nuestras luchas, de la comprensión del lugar que ocupamos en la construcción de esta realidad opresiva en LAC, entre otros.”

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HT: ¿Cuáles serían las especificidades de un lesbofeminismo?.

“Antes de hablar de una especificidad lesbofeminista debo decir que para mi gusto aún hay muchas lesbianas que luchan por una especificidad que se liga a la identidad por sobre el cuestionamiento del sistema mundo que construyó nuestra sanción. Esto se ve apoyado por la lógica institucional/autónoma que nos permea ya que por un lado la incidencia estatal gesta una serie de medidas afirmativas que, pese a que muchas veces son necesarias, al no cuestionar los estatus vigentes reproducen la realidad.

Por otro lado – en esta misma lógica enfatizo- la existencia de un conflicto que nos pone en lugares antagónicos, en el lugar de las enemigas (muy políticamente oculto y/o naturalizado) lo que impide una disputa de sentidos que transforme la realidad. Me place en este punto, ampliar la mirada sobre el feminismo basada en las negociaciones feministas con el supraestado para hablar de sus especificidades. El feminismo que se inscribe en espacios supraestatales apoya la construcción de identidades transnacionales que dejan de lado los conflictos locales para ser parte de una agenda global.

El problema de esto es que dichas agendas responden a poderes hegemónicos. Allí la periferia se acopla a este mandato que finalmente termina borrando otras temáticas que no sean por ejemplo, en el caso de las lesbianas, el matrimonio, o la tuición de niñas o peor en el caso de la “diversidad sexual” el matrimonio igualitario. Hago este último alcance para destacar que más que una identidad lesbofeminista transnacional existe una identidad gay transnacional que da cuenta de una sexualidad homosexual masculina que no es neutra. S

in profundizar en esto último agrego que, no obstante, lo indicado no elimina –nunca lo ha hecho- el carácter radical del feminismo. Este se enuncia de manera compleja tanto por los conflictos que emergen –existe una falta de democratización de los conflictos que no solo afecta al lesbofeminismo-, como por las obstaculizaciones y amabilizaciones del modelo y por la misma complejidad de la diversidad que habita en las sociedad modernas.

Digo lo anterior y caigo a una especificidad lesbiana que se transformó en un aporte al feminismo, aunque –hay que decirlo- muchas veces somos invitadas a la mesa feminista para hablar de la problemática lésbica que no enfatiza los aportes feministas que hemos realizado. Estos transitan por la ampliación de la sujeta política del feminismo; por la denuncia de una sexualidad que opera como régimen político lo que ha permitido reflexionar en torno al modelo reproductivo heterosexual y su relación con la opresión de las mujeres, entre otras cosas. Asumo varios marcos que han referenciado las especificidades lesbofeministas.

Concuerdo con Yuderkis Espinosa en que existen tres que han definido las especificidades de sus objetivos y estrategias. En primer lugar se encuentra el mencionado debate institucionalidad/autonomía, que aún continúa y que se exacerba en medio de democracias que se debilitan. En un segundo lugar está el marco propiciado por el materialismo francés –siempre presente- que denunció el régimen político de la heterosexualidad y finalmente -con un cariz territorial- aquellos lesbofeminismos antirracistas.

Estos últimos son emergentes, por lo que aunque existan muchas posturas que apuesten a la comprensión de la realidad desde una perspectiva que intente entrecruzar raza, clase, sexualidad, capitalismo, no me atrevería aún a inscribirlos en esa escena. Relevo de estos feminismos que hay una apuesta por construir y recorrer un proceso de abandono de los saberes y prácticas opresivas, ¡y hay que ver cómo es de complejo abandonar las categorías en las que estamos inscritas! ¡Basta con observar la continuidad que posee la expresión de diversos conflictos en la trama de la diversidad feminista!.”

HT: Dentro de las corrientes lesbofeministas, ¿las visiones son homogéneas o hay énfasis distintos?.

“La existencia de distintos feminismos informa sobre visiones que enfatizan distintas cuestiones. Asumo un feminismo que rompe con la homogeneidad para radicalizar la expresión de distintas experiencias. Me devuelvo al proceso de colonización que mencioné por allí.

Este proceso implicó que un solo sistema de significación y representación de la realidad se instalara en Abayayala, borrando la diversidad que existía en el continente. Comunidades en donde mujeres y hombres ejercían iguales grados de poder; otras en donde mujeres mandaban; otras que pueden ser comparadas con formas patriarcales de organización en distintos niveles; otras en donde la homosexualidad era valorada fueron silenciadas de manera brutal.

De allí que el lesbofeminismo que muchas intentamos poner en juego, tiene que ver con la denuncia de la homogeneidad y la universalidad que esto implica. Los énfasis muchas veces tienen que ver con los contextos, con la forma de producir a la sujeta política que no es fija, que es –para mí- un proceso permanente. De un feminismo blanco, burgués, heterosexual el feminismo abre espacios a las voces que representan otros colores, sexualidades, clases distintas y estrategias distintas.

Acudo a un ejercicio que siempre realizo con mis compañeras en talleres o en exposiciones a las que me han invitado:

¿Imagine una lesbiana? ¿Cómo era? ¿Cómo estaba vestida? ¿Por dónde andaba?.
Responda ahora: Esa lesbiana que imaginó ¿era negra? ¿era pobre?, ¿indígena?.

Sin profundizar en el sentido de este ejercicio -que por lo general evidencia que la gente selecciona una imagen cultural dominante- destaco que la homogeneidad y su falso universalismo lo único que hace es ocultar sujetas y realidades debilitando la resistencia. Esto, pues existe un poder que opera como legitimador de las imágenes de “lo político” que responden a una idea homogénea de la realidad ¡y es que el poder otorga salvoconductos solo a aquello que le permite preservarse..!.”

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HT: Además de un nivel conceptual, ¿existen diferencias en el hacer, el discurso y la estética?.

“Existen diferencias concretas. Un lesbianismo feminista institucional generará estrategias de incidencia política, es decir, intentará penetrar los entramados de poder para superar las dificultades de acceso y ejercicio de derechos. Las verás en el congreso, dando notas en los diarios, en la tele, todo bajo códigos normativos legitimados por el sistema. O sea una lesbiana feminista, que por ejemplo, teoriza políticamente respecto del poliamor o de la obligatoriedad hétero difícilmente -por ahora- estará en esos lugares a menos de que sea una aparición anecdótica. Con esto relevo que en esos espacios se legitima aquella imagen que es coherente con los valores de la cultura dominante.

El caso de Daniel Zamudio ayuda que se entienda mejor esto que digo. El joven fue una plataforma para que se aprobara la ley que establece medidas en contra de la discriminación. Para ello su imagen fue higienizada, o sea, de ser un cabro -como casi todas a esa edad- que carreteaba, que además imitaba a la Britney Spears, etc, fue transformado en un santo, hijo ejemplar, trabajador, es decir, del todo coherente con lo que espera el modelo de los sujetos políticos que construye.  Esto –que no profundizaré por razones de espacio- determina también los tipos de hacer, discursos y estéticas. Para el caso de Zamudio y del tipo de incidencia que implican las leyes, el debate estructural en torno a la normatividad sexual no es un tema abordado radicalmente por quienes se comprometen con esta lucha.

De hecho desde hace varios años denunciamos como existe un proceso homonormativo que opera como aparejo de la heterosexualidad obligatoria. Debo decir de todas formas que existe una diversidad de prácticas lesbofeministas que van desde lo teórico formativo –pues algunas relevamos que la primera acción directa es pensar-; acciones callejeras que tienen que ver con el muralismo, grafitti, producción de arte de intervención a través de la plástica, la performance, la música, la poesía etc. Esto no es exclusivo, vale decir, del lesbofeminismo, lo que se modifica es el contenido de acuerdo a los aspectos que son enfatizados.”

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HT: Ese activismo se debe quedar en su espacio premeditado, o debe vincularse con otras temáticas, por ejemplo, la educación?.

“En nuestra colectiva –Lastres Abisales– las variables de opresión, la actualización de la producción de diferencias, el capitalismo y cómo todo esto se relaciona con el universo es lo que nos interesa. Lo asumimos como la trama de los sentidos que disputamos. De allí que pensemos en un activismo lesbofeminista que se vincula a todas las acciones que pretendan transformar la claves opresivas de la realidad.

El punto es que para esto nuestro activismo debe estar claro respecto de las plataformas que sostienen esa opresión, de las nuevas formas en que se manifiesta el patriarcado, de las formas en definitiva en que se actualiza el poder. Debe indagar en las claves que constituyeron nuestra realidad, pues sin reconocer esos espacios de conflicto estos no son visualizados generando que de manera permanente vuelvan a aparecer. Por ejemplo, lesbianas feministas hay que participan en Asambleas ciudadanas.

Estas se organizan bajo las lógicas opresivas de la clase, raza, género y sexualidad y eso debe ser iluminado. Al menos para mí y mis compañeras, no sirve de nada andar abriendo espacio a todo y hacerme cómplice, por ejemplo, de grupos que se autodesignen como “bio hombres” si no se reflexiona en torno a las claves que determinan la ausencia de “bio mujeres” en su constitución.

Esta ausencia y subrepresentación también se da en las Asambleas que menciono. Con esto no estamos movilizando una práctica esencialista de la sexualidad, el sexo y/o el género; lo que hacemos es acusar recibo de la historia y de los fenómenos implicados en la opresión de la mujer.

Lo mismo ocurre en la relación que construimos con la naturaleza, pues la asumimos como elemento fundamental de transformación de las lógicas de poder. La explotación de los recursos naturales es algo que nos importa tanto como la violencia que afecta a lesbianas, pues en las dos está implicada la construcción de diferencias, la lógica capitalista en donde, por cierto, late la hegemonía que brinda una determinada clase, raza, sexualidad, género.

Es importante atender a que no es que solo hay una explotación de los recursos naturales, es decir,  no solo se cortan árboles, se acaba con la vida de insectos, enredaderas, pájaros, roedores etc.., lo que ocurre es que se rompen ciclos. Si el activismo lesbofeminista no se da cuenta de ello se quedará dormido –es lo que pensamos- y le pasará lo mismo que al camarón.

Particularmente el tema de la educación que mencionas es fundamental y hemos diseñado como colectiva nuestras propias estrategias al respecto que van desde la profundización del uso de las tecnologías como herramientas clave que van mucho más allá de la difusión. Es lo que intentamos implementar este año, acercándonos nosotras también a dichos conocimientos.

También consideramos nuestra propia autoformación que agrega a lo anterior el conocimiento en torno a prácticas ancestrales relacionadas con el poder y energía de las “mujeres”. Para nosotras es fundamental la reconexión de las “mujeres” con la tierra, con los saberes que nos arrebataron en un proceso de separación vital mujer/tierra que sostiene al capitalismo, con las seres que habitan esta realidad y las otras que existen.  También, entre varias otras  y para finalizar, apostamos al desarrollo de talleres de formación general intentando siempre -con mejores o peores resultados- el abordar la realidad desde las múltiples variables que se entrecruzan en su constitución.”

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HT: ¿Para finalizar  cuéntanos sobre Lastres Abisales…?.

“Nos llamamos así porque somos -al igual que muchas otras- un obstáculo para que el modelo hegemónico lleve a cabo sus políticas de opresión.

Somos Lastres porque queremos que las lesbianas signifiquemos eso para los modelos normativos de la sexualidad: un impedimento, oposición, resistencia. Si operamos así el modelo no nos quiere y nos convierte en un lastre social.

Somos AbisaLes, porque nuestro pensamiento y nuestras actuancias se impulsan partir de las partes más profundas, de los lugares ocultos, desde aquello que no se menciona. AbisaLes también, porque esa palabra termina con Les de Lesbianas.

Nosotras somos lesbianas feministas antirracistas lo que implica ineludiblemente cuestionar el capitalismo, reconectarnos con la naturaleza, con nuestros propios cuerpos. Estas cuestiones ya las he dicho en las respuestas anteriores, pero vale enfatizar que son respuestas que se han ido articulando de manera entrecruzada con mis compañeras.

Con ellas venimos desde hace varios meses desarrollando un debate interno sobre lo que queremos. Hemos desarrollado una metodología de trabajo que nos permite entrecruzarnos, visualizar y confrontar los conflictos. Así es como avanzamos por etapas en donde cada una ha dado a conocer lo que espera de una propuesta política, estableciendo las cuestiones que nos unen y que también nos separan. Nuestras diferencias son lo que más nos importa, pues a través de ellas nos transformamos.

Para nosotras la igualdad no significa transformación ¿Es que podemos transformarnos si todas somos iguales? ¿Podemos cambiar al mundo si nosotras no cambiamos?…En fin…  Esto -que claramente no transita por una lógica institucional, de planificación estratégica ni mucho menos- nos ha llevado a definir varias de las claves que organizan nuestro pensamiento y actuancia.

Vamos con calma, pero claritas respecto de lo que queremos y lo que no queremos.  Por el momento damos cuerpo de modo autogestionado a todas las cuestiones que ya mencioné –trabajo con tecnología, talleres de autoformación y formación general, entre otras- lo que se liga a un proceso que consideramos vital para el movimiento lesbofeminista chileno: la construcción de memoria. De allí que estemos abocadas a un proceso de investigación histórica que nos permita poner en circulación aspectos relevantes y conflictivos que nos han configurado.

Andrés Pinto para Harina Tostá

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